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Traducción del escrito de Monique Lauret por la Colegiada Isabel Cerdeira Gutiérrez: “EL PATHISCH POPULISTA”

EL PATHISCH POPULISTA1

Fundación Europea: “El populismo a la luz del psicoanálisis”

Toulouse, 24 marzo 2018

“El amor, el trabajo y el conocimiento son las fuentes de nuestra vida.   Por lo tanto, deben gobernarla.”  Wilhelm  Reich                                                                                                                                                                                     

                                                                                                                  

 

Cada sociedad evoluciona como un solo hombre pensaba Freud. Este gran cuerpo social no es inmune a las enfermedades, a las regresiones y al desbocamiento pasional atrapado en el imaginario y su encierro especular. Estos momentos de desbocamiento no surgen por casualidad, sino en el contexto de la esperanza de un narcisismo colectivo dañado, como señalaba el filósofo Theodor W. Adorno en un importante texto: Qué significa: ¿Repensar el pasado? Es “la esperanza de un narcisismo colectivo dañado que espera ser reconstituido y se apodera de todo lo que en conciencia restaurará sin demora la armonía entre el pasado y los deseos narcisistas y que puede llegar a configurar la realidad para que todo suceda como si no hubiera habido daño”2. Para Adorno, las identificaciones con las ideas de la peste fascista, del nazismo y del narcisismo colectivo experimentado en ese período histórico no fueron destruidas, sino que aún permanecen activas en el inconsciente y adquieren así un poder particular. No pensaba, ciertamente con exactitud, que el llamado milagro económico en el que todos participamos tenga una base psicológica y social tan sólida y profunda como se podría pensar en tiempos de relativa estabilidad. Mi tema desarrollará la cuestión del llamado populismo clásico, este populismo de extrema derecha que siguió al desarrollo del fascismo y del nazismo en el siglo pasado, podríamos decir “populismos”, como piensa Roland Chemama, y no el de los llamados movimientos populistas de izquierda, un tema peligrosamente avanzado por pensadores como Ernesto Laclau, Chantal Mouffe o Judith Butler, que confunden quizás los significantes “populista” y “popular”, término este último que designa el significado social del pueblo, arriesgándose a trivializar e ignorando lo que subyace al populismo. Estoy de acuerdo con la filósofa y psicoanalista Hélène L´Heuillet en que los populismos de izquierda no son populismos3. ¿Podría este grito de angustia por parte de la población empobrecida y sufriente tener las mismas raíces profundas que las que animan el populismo de extrema derecha? Éste sería un tema de estudio y discusión más a fondo. Me parece que la confusión se hace entre los términos “populista” y “proletario”, entendiéndose este último como una capa social empobrecida y desposeída de sus derechos.

El populismo se entiende más bien como una patología de la Democracia, que reaparece repetidamente, a intervalos regulares, durante las dificultades económicas y demográficas, en el lento proceso de subjetivación y progreso de la humanidad. Continuará mientras las masas obedezcan motivaciones irracionales y llamen a regímenes autoritarios como lo han hecho en el pasado. La nostalgia por un pasado maravilloso e inolvidable está siempre a punto de reaparecer. Regresar es siempre el camino de la facilidad, la regresión se refiere al retorno del sujeto a una etapa de desarrollo obsoleta a través de la fijación, se refiere a las etapas libidinales, a las relaciones de objeto, a las identificaciones… se refiere a la transición a modos de expresión y comportamiento de un nivel inferior en términos de complejidad, de estructura y de diferenciación4. Este término ha sido introducido por Freud en La interpretación de los sueños, para dar cuenta de un carácter esencial del sueño. Ha descrito tres formas, una regresión Tópica, en el sentido del esquema del aparato tópico, una Temporal en la que se toman formaciones psíquicas más antiguas y una Formal, cuando los modos de expresión habituales son reemplazados por modos primitivos. Pensaría el populismo como una regresión formal, reabriendo lo arcaico y el vínculo con lo materno, tanto en la nostalgia por un lugar cerrado, uterino, bañado en la tranquilidad de este mismo como en el apoyo al afecto primario de un odio no reprimido. Una regresión a lo pregenital, incluso antes del acceso al lenguaje. Freud, como Melanie Klein, ha insistido a menudo en que el pasado infantil del sujeto, o incluso de la humanidad, permanece en nosotros: “Los estados primitivos siempre pueden ser reinstaurados. Lo psíquico primitivo es, en todo su sentido, imperecedero”5. La represión del odio es para una cultura la tarea más difícil que tiene que cumplir. El odio es habitualmente sustraído, dejado de lado, reprimido en la relación del sujeto con el Otro. Pero lo que se lleva al corazón del Otro tiene que ver con el vacío, que no se puede saber de antemano si será bueno o malo; puede ir desde la conciliación y la tolerancia que hacen posible la vida hasta el goce extremo, donde el odio funciona y hace la vida imposible. En su texto Mandela-De Klerk, sujets de la science politique, Solange Faladé nos da una lectura esclarecedora: “El odio que tenemos en nosotros, sujetos, es en realidad el odio que llevamos al corazón del Otro”6. El odio desarticula el lenguaje, la palabra que nos hace seres atravesados por otros. Hablar es el lugar del sujeto humano, su “entorno”, su intimidad. El lenguaje también está en el origen de la política, de lo colectivo. Hablar es político, hablar es tomar un lugar en lo simbólico y asignar al otro un lugar de dirección. Pero la palabra que tiende a una verdad universal y eterna, como dice Foucault7, la buena palabra del filósofo debe quizás distinguirse de la del político animado por otros deseos individuales menos loables. El derecho a la palabra se deja al ejercicio del poder, pero tomar la palabra también puede socavar el ejercicio del poder. Las nuevas formas de violencia de las que somos testigos hoy en día están llenas de odio hacia el lenguaje y ponen en tela de juicio la posibilidad de vivir juntos, de convivencia humana. Se caracterizan por su radicalidad y su seducción con la juventud, como incitación directa al pasaje al acto violento. Solo se pueden entender levantando la represión del odio8 y derrotando la represión de la pulsión de muerte, acercando los movimientos populistas a los movimientos yihadistas, exceptuado el pasaje al acto. En la represión hay ya un acto de lenguaje, un “no” asignado a un contenido de pensamiento que ya existe pero que es rechazado. La represión de la pulsión sexual nunca es completa, ni la de destrucción, afortunadamente para el deseo, aunque la pulsión de muerte insista en el corazón mismo del deseo. “La represión no es una desaparición sino una entrada en la codificación”9, lo que significa que incluso si pensamos que hemos levantado la represión sobre lo sexual, si es reprimida, se recodifica a sí misma, lo que vemos en los nuevos códigos de amor contemporáneos. Pero la humanización de la violencia es una tarea más difícil que la humanización de la pulsión sexual. En el populismo, la violencia tiene que ver con el discurso, con silenciar al otro y prometer violencia colectiva a mitad de camino, una vez que los líderes están en el poder y en el poder a través del sufragio.

Se avanza en el fantasma regresivo de una sociedad cerrada ideal, incestuosa en su modo de disfrute. Es una patología de la democracia basada en la nostalgia por un estado anterior a político o pre-político, mientras que la democracia produce sociedades abiertas cuando no es confiscada por un líder populista. En el populismo, se pone en marcha el sistema defensivo de rechazo y exclusión de los otros diferentes, es un tipo de defensa maníaca, señalada por Melanie Klein. El sujeto individual tomado en su fantasma en un momento de excitación imaginaria y apasionado es desposeído de sí mismo, el riesgo es el de dejar de ser. La pasión es un tipo de amor narcisista, un amor de sí mismo proyectado en la otra persona que por lo tanto no tiene existencia propia. Se estructura en espejo y solo cede ante la muerte o ante la desidealización del líder. Es importante recordar que: “Cambiar al populismo es consentir sin miedo en la muerte de la democracia”10. Se trata de una “desviación” de la democracia en la que el odio se expresa libremente. Un grupo aprehendido con pasión se despoja de sí mismo con mayor rapidez porque una masa tiene la capacidad de perder todo sentido crítico, recordó Freud. Se puede construir un delirio colectivo inducido, como observó el filósofo Theodor Adorno en su análisis y crítica del nacionalsocialismo de Hitler. Lo llamó patisch11, ese patológico “nacionalismo patético” que se abrió al fantasma del fascismo y al delirio colectivo del antisemitismo y que encontró apoyo en ciertas estructuras psicológicas individuales. “Este delirio reemplaza el sueño de la humanidad organizando el mundo humanamente, un sueño que el mundo está decidido a destruir”12. Una parte psicótica dividida de la personalidad puede crear sus propias verdades como ideas delirantes. Es el sistema de “falsedad” psíquica, descrito por el kleiniano Jammes Gammill, que se puede mantener en la personalidad de un individuo o de un grupo que funciona patológicamente, de delincuentes, de drogadictos, de sectas, y hoy en día de grupos de jóvenes radicalizados en el populismo o el yihadismo. Repensar el pasado es tarea de cada generación, para limitar el estrechamiento de la conciencia de continuidad histórica, identificado por Hermann Heimpel como síntoma de debilitamiento social del yo, retomado por Adorno y Horkheimer en La dialéctica de la razón. La pérdida de significado histórico deja a las generaciones más jóvenes más vulnerables a los reclutamientos ideológicos. Uno puede convertir su propia inmadurez en una ideología, lo que ocurre con los jóvenes radicalizados que cuestionan nuestras sociedades. “Un pueblo que se siente extranjero de la democracia es el reflejo de una sociedad alienada de sí misma”13, dijo Adorno.

El discurso populista se basa en ciertos significantes, el de la victimización y el del expolio, el de la privación, el de la gran condenación imaginaria. El pueblo está llamado a unirse porque el Estado democrático le habría robado su poder. Es el resorte sobre el cual el líder jugará, para hacer vibrar la cuerda sensible de los afectos más primarios, la ira y el odio. Las recientes elecciones de Estados Unidos han sido ganadas sobre esta cuerda sensible, llevando al poder a un líder populista que habla al “pueblo” y que propone en su discurso de investidura “devolver el poder al pueblo”, en su lema “Power coming back to the people”. Es un discurso de seducción clásico de control mental. La voz se pone en juego en una estructura de llamada. “La vox-populi es menos la voz del pueblo en el sentido activo que el momento en que algo comienza a llamarse a sí mismo “pueblo”, en respuesta al llamado de un líder”14. Se propone el significante del pueblo, imagen del yo ideal de la sociedad, un pueblo que puede creerse “uno”, en un proceso totalitario. La unidad totalitaria ya es una desvinculación mortal. El populismo es el momento en que la gente empieza a pensar en sí misma como “un” pueblo, pueblo desposeído, pero pueblo-uno que solo espera una llamada para renacer. La invocación de este significante pueblo causa entonces efectos de multitud. Cuando el pueblo se convierte en uno, dice H.  L´Heuillet, está menos preparado para la dictadura que para el totalitarismo. El proyecto es una reducción hacia abajo, una nivelación igualitaria hacia abajo, al activar los mecanismos de la envidia y el resentimiento. El discurso es proteccionista, la exclusión es el mecanismo que permite el cierre. El populismo arruina cualquier capacidad de simbolizar la altura, la autoridad, arruina la simbolización de la alteridad. Tampoco puede simbolizarse la complejidad de lo social cuando la sociedad está cerrada. Por eso, continúa H. Heuillet a menudo se acompaña de una teoría de conspiración de la política horizontal de las relaciones democráticas. Es una lectura policial, paranoica de la Historia, bajo el poder se esconderían servicios que manipulan y gobiernan el mundo. Esta creencia libera al sujeto del afecto del odio. Este tipo de discurso conspirativo es, por lo tanto, un mecanismo esencial para la no-represión del odio. Pero el odio no puede vincular duraderamente, siendo en sí mismo una fuerza de desligazón. Los regímenes políticos basados en los discursos del odio están condenados a la destrucción, pero también a la autodestrucción, como ha demostrado la Historia. La envidia es una pasión por el bien de los demás, es ante todo y sobre todo por los celos, que pueden ser constructivos en las relaciones sociales. La envidia se sustenta en el odio, básicamente socava cualquier capacidad de conexión y amor. Es también un mecanismo maníaco descrito por Melanie Klein, que hace que el deseo primordial dentro de la madre sea la fuente de todo deseo. Es un mecanismo primitivo que se relaciona con una fuente primaria de satisfacción, antes de la creación del vínculo horizontal representado por los hermanos y la posibilidad de que terceros sean establecidos por el padre. Es una etapa antes del Edipo, antes del parricidio y de la constitución del contrato social. La democracia se piensa sobre el modelo de la fratria, su regulación reside en la lucha por los bienes, en el orden de tenerlos y no serlos. El populismo es una regresión a una etapa anterior a la posibilidad de la democracia. Los diferentes populismos tienen en común el deseo de que algo “se pegue”, más allá del vínculo, entre los miembros del grupo social, para que las personas funcionen como un espejo de sí mismas, sin diferencia, sin alteridad. Es el sueño de todos los jardines primitivos de la imaginación humana, de todos los paraísos fantaseados, desde el del Edén, hasta el de… y el de los estados fascistas. Wilhelm Reich intentó teorizar las causas en los años 30, en un análisis basado en la economía sexual del fascismo, en el deseo orgásmico insatisfecho de las masas. Aunque su obra ha sido olvidada por un intento de explicación del orgasmo sexual (la mística fascista representaría la nostalgia del orgasmo, la que resulta de la desviación mística y la inhibición de la sexualidad), dijo cosas muy importantes por su experiencia como médico durante muchos años en organizaciones marxistas. El fascismo no es para él una hazaña de Hitler o Mussolini, sino “la expresión de la estructura irracional del hombre nivelada en la multitud”15. Era consciente de los inmensos esfuerzos que la eliminación del fascismo requerirá de la ciencia y de la sociedad para lograr una reestructuración liberal ¿Realmente hemos salido de este esfuerzo, setenta y tres años después del final de la Segunda Guerra Mundial? La “memoria debilitada” de nuestras democracias de hoy permite que el fantasma fascista de la omnipotencia reaparezca en la repetición, capaz de recoger en sí mismo todas las pulsiones insatisfechas de un narcisismo colectivo que encuentra aquí una salida identificándose con la totalidad. Franz Kaltenbeck, uno de nuestros colegas de Lille, de origen austríaco, que murió repentinamente el 13 de marzo, escribió un artículo en enero titulado: “Si Austria hubiera asumido su pasado, habría tomado un camino diferente”16. Desarrolla la idea de una negación, otro mecanismo maníaco, que se impuso en Austria sobre la responsabilidad de ese país por los crímenes nazis. La negación es un mecanismo de defensa original descrito por Freud, con respecto a la realidad externa, siendo la negación de la castración el prototipo. Es un “modo de defensa que consiste en un rechazo del sujeto a reconocer la realidad de una percepción traumática”17. Esta negación del pasado puede ser mas o menos completa y lleva a un doloroso corte en espiral de una parte de uno mismo, de una parte, de la identidad de un pueblo. Los vergonzosos excesos de la Historia no habrían sido posibles sin la naturaleza de la estructura antiliberal, servil y mística de las masas humanas que son víctimas de todo esto. Este es el problema fundamental de los “atributos de carácter” del hombre planteados por Reich, una estructura del hombre forjada por una civilización patriarcal y autoritaria durante miles de años y cuyo síntoma fascista, en mi opinión, constituye el punto obsceno y caricaturesco del apogeo. La única manera de combatir esta tendencia regresiva hacia los populismos y el fascismo es y será confrontarla con un conocimiento objetivo y práctico de los procesos de la vida. El fascismo internacional dice W. Reich, “cederá a la organización natural e internacional del trabajo, del amor y del conocimiento”18. Lo que está en juego es la gobernanza del destino humano. 

TRADUCCIÓN: Isabel CERDEIRA GUTIERREZ – Socióloga-Psicoanalista, UCM, FEP.        

 


  1. Monique LAURET, Psychiatre-psychanaliste, membre d´Espace analytique Paris, membre de la Fondation Européenne de la Psychanalyse, lauretmonique@wanadoo.fr
  2. Th. W. ADORNO, Repenser le passé, en Modèles critiques (1963), Paris, Payot, 2003, p. 120.
  3. L´HEUILLET, Tu haïras ton prochain comme toi-même, Albin Michel, 2017, p. 86.
  4. LAPLANCHE y J.B. PONTALIS, Vocabulaire de la psychanalyse, Puf, 1967, “Quadrige”, 2004.
  5. FREUD, Zeitgemässes über Krieg und Tod, 1915, G.W.X, 337, Fr., 232.
  6. FALADÉ, Mandela-De Clerk, sujets de la science politique, Publicación interna de l´École freudienne, 1997.
  7. M. FOUCAULT, Enregistrement Radio Canada, 21 abril 1971, Archives Centre Foucault, IMEC.
  8. H. L´HEUILLET, 2017, Ibidem.
  9. H. L´HEUILLET, Ibidem, p. 26.
  10. L´HEUILLET, Ibidem, p. 42.
  11. Neologismo formado por Adorno y/o Horkheimer, significando un modo abismado de adaptación, patológico. Término que aparece a lo largo de La Dialectique de la raison, Paris, Gallimard, 1974, p. 200.
  12. Th. W. ADORNO, Ibidem, p. 123.
  13. Th. W. ADORNO, Ibidem, p. 116.
  14. L´HEUILLET, Ibidem, p. 83.
  15. REICH, La psychologie de masse du fascisme, Petite Bibliothèque Payot, 1972, Ed. Payot et Rivages 2001, p.26.
  16. KALTENBECK, Le Monde, 15 janvier, 2018, http://www.lemonde.fr/recherche/#itDGvy8sQGSIf0z0.99.
  17. LAPLANCHE, J-B. PONTALIS, Vocabulaire de la psychanalyse, Puf, 1967, 2004, p.115.
  18. REICH, Ibidem, p. 20.

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