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Entrevista a José Félix Tezanos: «El CIS siempre ha sido un lugar de encuentro de toda la sociología”

José Félix Tezanos simultaneó los estudios de Derecho y luego los de Ciencias Políticas con la diplomatura de Sociología, en el viejo Caserón de San Bernardo. Su vocación siempre ha sido investigadora. Catedrático emérito de Sociología de la UNED, es miembro del Colegio Nacional de Doctores y Licenciados en Ciencias Políticas y Sociología desde que terminó la carrera. Como él dice, nunca ha dejado de pertenecer al Colegio. Charlamos con el actual presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre su trayectoria profesional y las encuestas, entre otros temas.

 

Pregunta.- ¿Qué es lo que más recuerda de sus años de facultad?

Respuesta.- Mis recuerdos de aquella época están muy vinculados a la tensión política. Desde que me incorporé a la universidad, estuve militando en organizaciones estudiantiles y en los sindicatos paralelos que se estaban montando allí. Lo hice siempre desde posiciones moderadas. Eso no te eximía de la detención. Fui objeto de varias y estuve algunos períodos en Carabanchel. Recuerdo largas etapas en las que tuve que vivir en casas de amigos y en oficinas. Por defender simplemente la democracia. La primera vez que me detuvieron, en Primero de Derecho, fue estando con un grupo de delegados de cursos que nos encontrábamos reunidos en una cafetería de Madrid. Estábamos con Manuela Carmena, que había impreso las papeletas. Las teníamos en un coche, en un 600. Llegó la policía, nos detuvo y nos cogió como si fuéramos delincuentes peligrosísimos.

 

P.- Desde la perspectiva actual, ¿se ha olvidado todo lo que pasó?

R.- No. Creo que está muy presente en la mayoría de la población y en las generaciones que vivimos aquella etapa. La democracia no es algo gratuito. No es una cosa otorgada. Es algo que se conquista. En España, el proceso de asentamiento democrático ha sido tardío con respecto a otros países europeos.

 

P.-¿La sociología pasa por un buen momento?

R.- En este momento, hay mucha necesidad de sociología. Vivimos en sociedades en las que se ha producido la gran paradoja, la gran contradicción. Por una parte; prosperidad, avance y revolución científica y tecnológica que ofrece posibilidades casi de una gran utopía. Por otra parte, gran pesimismo. El gran fallo sistémico es que las sociedades actuales no garantizan un puesto de trabajo a todos los jóvenes. Esa situación de incertidumbre, de bajos salarios y de situación precaria está envenenando nuestra sociedad. Está llevando a muchas personas de las nuevas generaciones al pesimismo, al fatalismo, a la antipolítica. El fallo sistémico de nuestra sociedad es que no se está sabiendo diseminar la riqueza que se crea.

 

P.- Con la crisis económica, la gran perjudicada ha sido la clase media.

R.- Uno de los principales cambios de nuestra época es la movilidad social descendente de los hijos de las clases medias. ¿Cómo va a soportar una sociedad ese proceso masivo de movilización descendente? Es uno de los grandes retos. La sociología es muy necesaria en nuestro tiempo. Para atender las desigualdades, a los grandes cambios. Si bien, estamos viviendo un cierto acobardamiento de la sociología. En contraste con lo que ocurrió, por ejemplo, en los albores de la Revolución Industrial. Hubo grandes economistas, que diseñaron un futuro económico distinto, y grandes sociólogos, que intentaron aportar soluciones a los problemas que se generaban en la dinámica económica. En el presente, hay una sociología más bien liviana. Se estudian cosas muy de detalles. Cosas muy pequeñucas. Aquí los problemas son muy grandes. Falta ambición en la sociología actual.

 

P.- ¿Qué se hace desde el CIS para que haya esa ambición?

R.- El CIS no es sólo la bola de cristal para adivinar el futuro. Es polivalente. No sólo pretende adivinar quién va a ganar en las siguientes encuestas exactamente. Intenta fijar las grandes tendencias. Esta institución contribuye con mucha investigación empírica y proporciona a la sociedad, a los grupos parlamentarios, a los expertos, una gran cantidad de datos, en las encuestas mensuales que se vienen haciendo desde hace mucho tiempo. Eso aporta una gran riqueza de información sobre qué se piensa en un momento determinado, cómo se siente uno, cuáles son las grandes metas, las grandes necesidades. Es una información muy valiosa y muy útil para todo el que tenga algún compromiso con la sociedad. Ahora estamos añadiendo en cada uno de los barómetros mensuales información sobre los problemas de actualidad. Es decir, el cambio climático, el cambio de horarios, qué se piensa sobre la Constitución o sobre los Presupuestos Generales. Se intenta recoger el pulso de la calle en toda su riqueza, que es muy diversa y muy compleja. Eso es muy importante para la vida política.

 

P.- ¿Se escucha al ciudadano a través del CIS?

R.- Entre otras muchas cosas. A través del CIS o de entidades privadas. El CIS tiene la ventaja de que, de alguna manera, es algo de todos. Algo que se conoce poco es que en sus consejos hay una convivencia muy normalizada entre gente que tiene ideas muy distintas. Aquí no miramos las ideas de las personas. Aquí lo que miramos es lo que aportan, lo que pueden hacer. Y yo he mantenido esa pluralidad.

 

P.- Se habla de la politización del CIS y que si el Gobierno interfiere.

R.- No tiene ninguna realidad. El CIS cuenta con un cuerpo de profesionales permanentes, que están aquí siempre, que ejercen su trabajo con profesionalidad y no les puedes cambiar un dato. El CIS siempre ha sido un lugar de encuentro de toda la sociología. La ciencia no puede estar sesgada y la sociología es ciencia.

 

P.- Para usted, ¿cómo son las encuestas ideales?

R.- En las sociedades actuales no existe ya la encuesta ideal. Al margen de lo que estemos haciendo en el CIS, la captación de la realidad hoy en día requiere metodologías plurales. Es una realidad muy compleja. Las sociedades del siglo XIX y de principios del XX eran más homogéneas. Ahora son sociedades muy heterogéneas, muy complejas. Por eso, hemos pasado de un sistema de partidos muy simplificado, de dos o tres partidos, a uno cada vez más complejo. Porque refleja la diversidad, la complejidad de la sociedad. Eso requiere análisis que sean capaces de captar las tendencias, no momentos cristalizados, sino analizar tendencias de cambio en la sociedad. Hay que combinar distintas metodologías. Las de los estudios cuantitativos, las grandes encuestas. Las encuestas tienen que estar bien hechas, tienen que estar basadas en muestras representativas. Eso significa situarnos por encima de las 2.500 entrevistas. Además; hay que utilizar otros instrumentos: los estudios Delphi, los estudios cualitativos, los estudios temáticos, los estudios historiográficos. Es decir, utilizar todas esas metodologías para captar una realidad social que es dinámica, que es cambiante. La sociedad es un dinamismo tremendo. Lo estamos viendo en las corrientes de cambio de voto. Es cada vez más fluida porque hay muchas incertidumbres.

 

P.-¿Cuando fallan las encuestas es porque falla la metodología?

R.- Las encuestas fallan mucho menos de lo que se dice. Las encuestas aciertan en lo que pueden acertar, en marcar las grandes tendencias. Lo hemos visto en la encuesta que hizo el CIS sobre el preelectoral de Andalucía. ¿Qué decía esa encuesta realmente? Que iba a ganar el PSOE, pero que no iba a poder formar Gobierno porque no tendría suficiente mayoría; que PP y Ciudadanos se igualaban en votos prácticamente, que estaban muy equiparados; que Podemos retrocedía algo y que surgía un nuevo partido, VOX, con representación parlamentaria. En esas tendencias, hemos acertado. No puedes acertar en la decisión exacta de voto por la sencilla razón de que, cuando el CIS hizo la encuesta en el mes de octubre, más del 40% de la población no sabía todavía a qué partido votar. Es uno de los grandes cambios del comportamiento político electoral. A lo largo de la campaña se decide más del 30% de los votos. Incluso, el último día se decide entre el 3% y el 4%. Tú tienes que adivinar cómo se va a comportar una persona libre, que ella misma no lo sabe, y llega al colegio electoral, se sitúa frente a la mesa de las papeletas y puede coger una u otra. Es imposible preverlo de antemano.

 

P.- ¿Por esto ha decidido prescindir de la tradicional estimación de voto en los barómetros?

R.- Claro, porque no hay modelos. Antes tú podías estimar el voto de los indecisos. Yo he utilizado modelos de estimación de voto de los años 70. Pero, a partir de 2015, no dan resultado. Porque surgen nuevos partidos y el comportamiento es más flexible.

 

P.- ¿Se cocina o no se cocina en el CIS?

R.- No hay ninguna cocina en el CIS en este momento. ¿Por qué no hacemos cocina? Porque pensamos que la cocina puede engañar al ciudadano que atiende a los datos del CIS. Antes de correr el riesgo de engañar, sin mala fe, lo que hacemos es no hacer cocina. Cocinamos en las encuestas andaluzas y el CIS, al igual que el Abc y La Razón, nos equivocamos. Eso es una muestra más de que los modelos de proyección que existían en el pasado ya no valen para el futuro. La Sociología está viva y tiene que cambiar. Tiene que cambiar la metodología al compás que cambia la sociedad. Nosotros lo que publicamos son muchos datos, los publicamos pronto y rápidamente. Y con información contrastada. Cualquiera, con esos datos, puede hacer sus proyecciones. Hemos establecido un principio de transparencia total.

 

 

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